Una mujer de 21 años de la Autoridad Palestina, apenas se enteró de que las gemelas idénticas que lleva en su vientre, se están desarrollando gracias a la intervención de un especialista en fetos del Centro Médico Hadassah.

La mujer se enteró, a los 6 meses de embarazo,  que este corría riesgo. Sus gemelas tenían “el síndrome de transfusión gemelo a gemelo”, una complicación rara pero complicada que ocurre en gemelos idénticos cuando la sangre fluye de un bebé a otro a través de sus vasos sanguíneos compartidos en la placenta, comúnmente resultando fatal para ambos.

Un doctor local la mandó con varios expertos hasta que fue referida con el Dr. Firas Jawdat, especialista en medicina fetal de la Autoridad Palestina. El Dr. Firas entrenó en Hadassah con el especialista en medicina fetal, el Dr. Yuval Gielchinsky, quien obtuvo su experiencia estudiando en Londres con el experto del campo, el Prof. Kypros Nicolaides. Fue el Dr. Gielchinsky quien estableció la Unidad de Medicina Fetal en el Hospital Hadassah Ein-Kerem hace cuatro años, la cual incluye una máquina de ultrasonido avanzado y equipo de láser necesario para tratar el problema. Debido a que el Dr. Firas no tenía el equipo en su hospital, le pidió a su paciente que se atendiera en Hadassah.

El Dr. Gielchinsky explicó: En el síndrome de transfusión gemelo a gemelo, el bebé que recibe la sangre del otro se sobrecarga y sufre de fallas cardíacas, mientras que su hermano/hermana pierde su sangre. Alrededor del 10% al 15% de gemelos idénticos desarrollan esta condición. Sin embargo, el síndrome ya puede ser tratado a través de una operación intra-uterina que se realiza con anestesia epidural. Utilizando una técnica muy delicada en la cual el fetoscopio (una fibra óptica pequeña) se inserta en el útero y se identifican y destruyen los vasos sanguíneos comunicados de los bebés.

La joven mujer palestina recibió el tratamiento que le salvó la vida en Hadassah y sus bebés están ahora en una placenta separada. Recuperando en la Torre Sarah Wetsman Davidson comentó: “Venimos de antecedentes rurales en Yenín; mi esposo es agricultor. Nunca había estado en un lugar tan hermoso donde recibí un cuidado increíble”.

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