Shoshana Gottlieb, madre de cuatro, estaba camino a casa con sus colegas. Estaba terminando de comer una naranja cuando se agacho a tirar la cáscara en una bolsa y cuando se levantó un terrorista disparó hacia la camioneta.

Conforme se levantaba notó un agujero en la ventana y posteriormente escuchó el sonido del vidrio al tronarse por los continuos disparos. Su chofer arrancó lo más rápido que pudo, pero los disparos seguían.

Shoshana se dio cuenta de que la habían herido y no podía mover sus piernas. Llegó al Hospital Hadassah de Ein Kerem en ambulancia y en un estado crítico. Una de las balas penetró a un milímetro de la aorta, dañando su pulmón izquierdo y otra daño la médula espinal. Su chofer le comentó que una bala entró por su asiento y solo porque se había agachado a tirar la cáscara de la naranja se salvó de que le diera.

Avi Rivkind, el Director de la Unidad de Trauma del Hospital Hadassah, atendió a Shoshana. “Él salvó mi vida”, dijo ella; pero salvar la vida de Shoshana fue solo el principio, pues quedó parapléjica, paralizada del pecho hacía abajo. Conforme pasaban los meses, los profesionales de Hadassah trabajaban con Shoshana para fortalecer sus brazos y enseñarle cómo llevar una vida normal en una silla de ruedas.

Durante ocho meses estuvo recibiendo sesiones intensivas de fisioterapia, terapia ocupacional e instrucciones de nado. Hoy, después de varios años de haber regresado a casa, Shoshana tiene una oficina en casa, donde trabaja como agente aduanal para una compañía local de químicos.

La Organización Médica Hadassah devolvió a Shoshana su vida.

Tal y como le comentaba a los delegados de Hadassah en una Conferencia Internacional que se realizó en Londres: “No soy una víctima del terrorismo, soy una sobreviviente… Sueño con el día en el que podamos efectuar el verso de la Biblia: Una nación no debe levantar la espada en contra de otra, ese día se terminará la guerra”; cuando toda la humanidad viva en paz y armonía donde quiera que estén”.